Aukeratutako atala ◊ Liburu, Txosten, Bideoak ◊

• Astelehena, Apirila 29th, 2013

Hamairugarren atalburuan zenbait proposamenen anakronismoak aipatu dira:

13. Algunas etimologías incurren en serios anacronismos

Según Lakarra la palabra bazter proviene del latín praesepe ‘pesebre’ por intermedio del castellano antiguo presepre, con una evolución presepre > *barzepre > *bazper > bazter (Lakarra 2011:105). Solamente por razones semánticas resulta problemática esta propuesta, ya que bazter tiene el significado principal de ‘esquina’, ‘orilla’, de los que se derivan los secundarios de ‘rincón’, ‘campo’, ‘tierra de labor’. Es verdad que en latín praesepe tenía las acepciones de ‘establo’, ‘habitación’ y que de ahí cabría plantear una evolución hacia ‘lugar’. Esto plantea no obstante muchos problemas, porque los testimonios más antiguos en toponimia parecen apuntar que el sentido de ‘esquina’ es el primitivo.

Uno de los puntos más débiles de la hipótesis de Lakarra es un detalle cronológico. Se nos dice que presepre es un término del castellano antiguo sin darnos fechas exactas ni precisar en qué textos conocidos se utilizaba esa forma. A partir de una información tan exigua podríamos deducir que por «castellano antiguo» se estará refiriendo al hablado en la Edad Media entre los siglos X-XIV. Sin embargo, no hemos podido encontrar ninguna cita de presepre en el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del Español (CNDHE), base de datos de la lengua castellana más completa en este momento, y lo que más se registra es pesebre[1], cuya primera cita se produce en 1200 en La Fazienda de Ultra Mar de Almerich. Paralelamente, si acudimos al DGV observamos que la primera cita de un caso del vasco bazter procede de 1070, en un topónimo Bazterrecoa del archivo del monasterio de Iratxe.

Esto quiere decir que bazter ya estaba totalmente formado para el siglo XI y seguramente llevaba bastante tiempo así. Tenemos por tanto una incongruencia. ¿Cómo es posible que pesebre o su enigmática variante presepre entrase en el euskera y se convirtiera tan rápidamente en bazter sin dejar indicios de pasos intermedios, a través de transformaciones fonéticas harto complejas? La palabra vasca sería además 130 años más antigua en la documentación que su supuesto antecedente castellano. No se explica tampoco que en el riojano Gonzalo de Berceo, influido por el vasco, existiera también pesebre (CNDHE) sin experimentar grandes cambios respecto a su antecedente latino praesepe, y en el euskera se hubiese producido semejante transformación. Estamos ante contradicciones de extrema gravedad.

Pero nos queda la pregunta fundamental a la que el profesor vizcaíno no ha dado todavía respuesta: ¿cómo es posible que tras supuestamente un breve periodo de meteórica transformación, bazter lleve como mínimo un milenio entero sin haber modificado ni un fonema su estructura? ¿A qué se debe que los préstamos llegados del latín o el romance viviesen dramáticas modificaciones para integrarse en el léxico vasco, y que a continuación se quedasen congelados sin alterarse apenas hasta ahora? A nuestro juicio ésta es una de las irregularidades más injustificables de toda la teoría, suficiente para dudar de su coherencia lógica.

Tres cuartos de lo mismo sucede con *abedulki ‘trozo de abedul’ > *abeulki > *abulki > aulki ‘silla’ (Lakarra 2011: 105). En este caso no se aporta dato etnográfico alguno de que las sillas de los vascos primitivos fueran exclusivamente de madera de abedul, ni se ofrecen paralelos semánticos en otras lenguas. Tampoco parece factible una simplificación fonética tan radical sin dejar rastro de pasos intermedios en la documentación. Además el castellano abedul es una palabra tardía, que no aparece hasta mediados del siglo 1745 en el Viaje a Galicia de Fray Martín de Sarmiento (CNDHE), y que desciende del latín betulla. Aunque abedul existiera desde mucho antes, *abedulki sólo se habría podido formar recientemente y con escaso tiempo para evolucionar a aulki. Según el DGV aulki aparece desde los primeros textos vascos tal y como lo conocemos ahora, lo cual va radicalmente en contra de la propuesta de Lakarra.

Otro caso parecido es el de la etimología para aiher ‘propensión’, ‘inclinación’ y ‘odio’, que Lakarra hace venir del francés craindre (Lakarra 2009a: 580), sin aportar referencia alguna a si esta forma estuvo en uso en un momento anterior a la aparición de aiher, datos inexcusables para justificar la etimología. El DGV recoge por el contrario la teoría apuntada por G. Bähr y aceptada finalmente por Mitxelena de que aiher tuvo en principio el valor topográfico de ‘inclinación’, ‘pendiente’, citándose el topónimo aragonés Ayerbe. Esta interpretación es seguida por Morvan, quien señala que el nombre de la villa de Ayherre y otros topónimos parecen demostrar la anterioridad del sentido topográfico frente al pasional de aiher (Morvan 1988: 1199). Dado que tanto Ayerbe como Ayherre surgen en citas medievales, de nuevo nos encontramos ante una seria incongruencia.

¿Cómo es posible que palabras euskéricas estabilizadas desde hace un milenio desciendan de términos romances que como mínimo se empleaban en las mismas fechas, o que incluso pueden ser posteriores? ¿Dónde están los pasos intermedios, y por qué en estos casos se produjo una evolución tan trepidante del romance al euskera, hasta el extremo de que bazter o aulki aparezcan antes que sus supuestos antecedentes románicos? Creemos que éste es uno de los puntos más inverosímiles de la teoría de Lakarra, que no tiene en cuenta principios diacrónicos elementales.

Las incongruencias temporales no se limitan al campo de los supuestos préstamos, sino que se extienden al léxico patrimonial, a veces con resultados —permítasenos la expresión— abracadabrantes. Para esne se ofrece la etimología *behi-seni-edabe (‘bebida o pócima del niño de la vaca’) > *(b)eh(i)-s(e)n(i)-e(d)a(b)e > *e(h)sn-eae > esne (Lakarra 2011: 106). Aparte de que a nivel fonético se propone un proceso de evolución extraordinariamente complicado y por tanto poco probable, a nuestro juicio se está cayendo en el abuso de mezclar palabras de diferentes épocas.

Behi aparece desde los primeros textos y la toponimia medieval en todos los dialectos, seni se observa solamente en la onomástica aquitana hace dos mil años, siendo sehi/sein sus descendientes en euskera moderno, y edabe es una palabra sólo del área occidental, cuya primera cita según el DGV se registra en el diccionario de Landuchius a mediados del siglo XVI. Creemos que en este caso se está intercalando una palabra bimilenaria del léxico aquitano entre dos que pertenecen a fechas más recientes. Es poco probable que las tres formas convivieran en un mismo momento temporal. Si admitiéramos tal extremo, nos encontraríamos ante el insólito hecho de que behi y edabe no habrían experimentado cambio alguno a lo largo de los milenios y seni por el contrario sí. La incongruencia de la propuesta salta a la vista. Además, ¿en qué tiempo y estado de la lengua se sitúa *behi-seni-edabe? ¿En el preprotoeuskera, protoeuskera, euskera arcaico, euskera medieval?


[1] Las búsquedas nos han aportado también presebre en 1276 y 1467, y presepe en 1411.

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• Igandea, Apirila 28th, 2013

Hamabigarren atalburuan Lakarrak proposatutako hitzen bilakaera ulergaitzak jarri ditu mahai gainean:

12. Algunas evoluciones propuestas son insólitas

Es tónica general que gran parte de las etimologías presenten problemas morfológicos, fonológicos y semánticos muy graves, que las convierten en improbables, por no decir virtualmente imposibles. Tenemos los ejemplos de *goi-bar ‘arriba-debajo’ > *gwibar > *bi-z-bar > bizkar (Lakarra 2011: 105).

La evolución fonética que se postula es muy violenta, aparte de no tener en cuenta que bizkar ya aparece desde antiguo. El DGV menciona su aparición en toponimia medieval: Lopp de Biscarra (1174), Mutilua vizcarra (1283), Asta Bisquarra (1284). Trask anota como opinión comúnmente aceptada que la palabra es la fuente del nombre Bizkaia (Trask 2008: 146). Insólita es también la evolución *goi-hegi > *gwi-egi > *biegi > begi. No se aporta explicación alguna de por qué el primer miembro del compuesto experimenta tan violenta deformación, mientras que el segundo queda prácticamente indemne.

Con todo, las etimologías de bizkar y begi se quedan en nada comparándolas con la de *goi-*dodani ‘poner encima’ > *gwi(d)odani > *bionani > *bonani > *banani > *bâhâhî > mahain (Lakarra 2011: 110). La cantidad de cambios fonéticos, la arbitrariedad de la que hacen gala, y por decirlo con rotundidad, lo retorcido en general de la propuesta, convierten esta etimología en un modelo de excesos etimológicos, si se nos permite la expresión.

Otro tanto podemos decir de cosas como *edun-heben-i > *ewhebeni > *efe.eni > efini, ibeni, imini, ipini (Lakarra 2011: 108), de supuestos compuestos entre préstamos y léxico patrimonial como ceruu-oin > orein (Lakarra 2011: 110), o de evoluciones defendidas para aparentes préstamos puros como timbal > *dilbal > *dibal > *di.al > *digal > gidal ‘pierna’ o herba > erbar > berar > belar/bedar (Lakarra 2009a: 579),  donde se encajan interminables cambios fonéticos trastocando lo que sea necesario con tal de legitimar las propuestas del profesor vizcaíno.

¿Y qué decir de etimologías tan increíbles como Siriu-za > izar (Lakarra 2009b: 44), por cierto sin rastro alguno del obligado asterisco * que indica formulación meramente hipotética, o la de Lat. timor > *tirmor > *dirmor > *dirbor > *birdor > *birdur/*berdur > bildur/beldur (Lakarra 2011: 105), cuya evolución fonética es tan truculenta que carece por completo de trazas de verosimilitud?

Hablando de préstamos y fonemas que gustan de cambiar de aspecto, no podemos pasar la ocasión sin citar el caso de caninu > *aninu > *âhîhû > *a.îhû > *agîhun (ala *ha.î.û?) > *hagiun > hagin (Lakarra, 2011: 107), que acumula tantas mutaciones de sonidos y tan poco probables que sólo por el principio de economía ya resulta sospechoso en cuanto a fiabilidad[1], y eso sin contar algunas conclusiones mucho más inquietantes que podemos obtener si tratamos de encajar su evolución con la seguida por compuestos de esta misma palabra.

Reflexionemos un momento sobre letagin/betagin ‘colmillo’. Siguiendo la opinión común, recogida en Mitxelena, Trask, Morvan y el DGV, Lakarra considera que procede de un compuesto *begi-hagin > betagin ‘muela del ojo’. Por nuestra parte nos parece una etimología lógica que aceptamos. Ahora bien, recordando que según el profesor vizcaíno hagin procede de caninu, primero debemos suponer que hagin es más antiguo que el compuesto letagin al que dio lugar. Esto nos sugiere un panorama en el que en época todavía romana se empezó a producir la transformación de caninu en hagin. Como Lakarra describe hasta cinco estados fonéticos intermedios entre uno y otro, debemos suponer que el proceso llevó un tiempo hasta cumplirse del todo, lo que nos coloca como poco en plena Edad Media.

No se sabe por qué extraños motivos, después de tan dramáticas transformaciones una vez llegados a hagin la palabra quedó completamente paralizada en el léxico vasco sin alterarse hasta la actualidad. A continuación debemos suponer que se juntó con begi, que también tras un breve periodo de cambios radicales, quedó paralizado en la estructura que ha llegado hasta nosotros. Más tarde ambas palabras se fueron fusionando, sufriendo una evolución b- > d- > l- hasta producir letagin, que vuelve a pararse en el tiempo, apareciendo en la literatura vasca desde 1627 en Etcheberri de Ziburu, en una variante telagin que presenta metátesis consonántica.

Si ya en aquellos años había sufrido esta alteración sobre letagin, esto quiere decir que la voz se usaba desde mucho antes, como poco en el léxico medieval vasco, así que caninu tuvo que correr mucho para transformarse en hagin, este último debió darse prisa para juntarse con begi haciéndolo mutar a bet- (aunque sin perder nada por el camino), y después la transformación b- > d- > l- tuvo que producirse a ritmo verdaderamente acelerado para llegar casi sin resuello al siglo XVII.

Sinceramente, no nos salen las cuentas temporales, y creemos que nos encontramos ante una incongruencia glotocronológica evidente. Acúsenos si se quiere de ignorancia, de falta de preparación filológica, de errores de cálculo o de lo que corresponda. El esquema que se nos ofrece no nos satisface, ni creemos que pueda satisfacer a muchos otros, entre otras cosas porque violenta el principio de economía, al defenderse un proceso evolutivo lleno de anomalías, con palabras que evolucionan meteóricamente durante una época para a continuación quedarse congeladas en el tiempo, recuperando enigmáticamente su vitalidad al juntarse con otras voces. Mucho tendrá que argumentar Lakarra en el futuro para que semejantes propuestas puedan ser admitidas como algo lógico y normal.

Después de todo lo visto, no nos extraña que el profesor de la UPV llegue al punto de desentenderse por completo no sólo de lo aportado por etimologistas anteriores, sino hasta de la misma lógica del idioma, proponiendo etimologías tan carentes de fundamento como *e-da-don-i > *edodani > *edonani > *eunani > unai(n) (Lakarra 2011: 111), cuando para Mitxelena, Trask y otros autores unai(n) es un bastante probable compuesto de zain ‘guardián’ con el mismo tratamiento fonético de igurai(n) y urdain (Trask 2008: 220, 356).

¿Sería demasiado atrevido sugerir que todas las críticas que Lakarra vierte sobre los comparativistas, acerca de su tendencia a manipular y falsificar la realidad, por deformar las palabras a su conveniencia para demostrar parentescos que no lo son, se podrían aplicar punto por punto a la metodología reconstructiva del propio profesor vizcaíno?


[1] Ya el primer paso, con la desaparición instantánea y sin dejar rastro de la c-, entra en conflicto directo con lo que sabemos de fonética vasca. Las c- suelen dar lugar en préstamos de cierta antigüedad a g- (corpus > gorputz, camara > ganbara), manteniéndose el sonido en los dialectos y rincones más conservadores en este aspecto (korputz, kanbara). En los pocos casos en los que la oclusiva sorda inicial termina desapareciendo (cupella > upel(a), cavea > abia), el proceso se culmina únicamente en puntos concretos del territorio, quedando ejemplos de situaciones intermedias con k-, g- y h- repartidas en la mayor parte de los dialectos. Ilustrativo es el extenso repertorio que nos aporta el DGV para upel(a) (kupel(a)/kupla/gup(h)el/dupel/kubel/kuel), que en el caso de abia es exhuberante: habia (V, Sal, S, R; Mic 8r, SP, Lar, Lecl, Añ, Gèze, Dv (S), H (+ abia (V)), habi (V, G-azp, S, R), kabia (det., Lar, Añ, H), kabi (G, AN; Is 174, Dv (V, G), Lh), afia (V-gip; Lcc), apia (V-och-gip; H (s.v. kafia)), api (G-goi, AN-gip), kafia (AN, L, BN-baig, Ae; Dv (L); det., SP, Lar, Añ (AN), Arch VocGr, H (L)), kafira, kafi (ANmer, B, BN-mix; Lh), aabia (V-gip), aapi (G-goi), aapia (V-gip), aafia (V-gip), abira, aubi (V-arr), gabia (Dv (gabi V, G), H (G)). Ref.: Bon RIEV 1909, 24ss.; VocZeg 287; VocPir 344; A (abi, abia, abira, api, kabi, kafia, aapi, aubi); Lrq; Iz ArOñ (aabixa, aafixa, aápixa), Als (kafiya); Etxba Eib (abixia, kabia); Izeta BHizt2 (kafi); Elexp Berg (afixa, apixa). Esto choca frontalmente con que hagin no tiene grandes variaciones, lo cual apunta a una palabra del léxico patrimonial común. Si viniera de caninu existirían seguramente variantes *kagin / gagin. El resto de evoluciones que propone Lakarra para caninu, donde observamos que a mitad del camino se queda la voz en esqueleto, sólo con vocales y aspiraciones, para a continuación migrar una h a la posición inicial, restituyéndose al final una n que termina tragándose la u, resulta inverosímil. Puestos a especular con los cambios fonéticos, caninu habría dado lugar en euskera a *gahi(ñ)u o algo parecido, no a hagin.

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• Asteartea, Apirila 16th, 2013

Lehenengo atalburuan Lakarraren  “erro monosilabikoa” aztertu da:

1. La teoría del (pre)protovasco de Lakarra, conocida también como la de la «raíz monosilábica», resulta con los conocimientos actuales demasiado atrevida

Según propone el profesor de la UPV, sus investigaciones permiten conocer el estado de la lengua vasca y su evolución a lo largo del primer milenio a.C. Se postula un modelo de evolución diacrónica preprotovasco (muy anterior al año 500 a.C.) > protovasco (anterior a la romanización) > euskera arcaico (la lengua de la onomástica aquitana). En su favor se han formulado leyes fonéticas, procesos de gramaticalización, esquemas de construcción de palabras, y en general muchos otros aspectos.

Por nuestra parte discrepamos que algo así sea posible con los conocimientos de que dispone la comunidad científica en este momento. Los trabajos realizados hasta ahora no han podido resolver decenas preguntas acerca del euskera arcaico o aquitano, y las líneas de investigación se han limitado al estudio de raíces y sufijos. Los hallazgos de palabras vascas antiguas se reducen a la antroponimia y teonimia, siendo gran parte de sus componentes de interpretación opaca, por lo que no es posible establecer con seguridad una morfología del idioma para la época que discurre entre los siglos I y IV d.C.

El sistema verbal, por ejemplo, permanece en la total oscuridad. Carecemos también de datos esenciales acerca de la evolución del euskera durante la mayor parte de la Edad Media, periodo para el cual sólo contamos con la ayuda de la toponimia y onomástica que, aun teniendo gran utilidad, no aportan todos los datos que serían deseables. A nuestro juicio resulta sorprendente que con tan pobrísima información el profesor Lakarra y sus colaboradores crean conocer con precisión el estado del idioma hace tres milenios. La defensa de una serie de reconstrucciones que no tienen el apoyo de textos reales, sino que se basan en exclusiva en estimaciones teóricas, esgrimidas como si fueran un modelo fiable, no nos parece una forma sensata de proceder.

En tales condiciones, cualquier propuesta de descripción de la lengua para épocas anteriores a la romana, en las que se carece de textos escritos, sólo puede considerarse como una teoría sumamente arriesgada. Desconocemos cuál será la marcha de la filología vasca en el futuro, y se debe tener en cuenta la posibilidad de que descubrimientos arqueológicos no previstos o incluso nuevos métodos de análisis de la lengua, alteren la visión que tenemos en este momento acerca de los orígenes del euskera[1]. La actitud prudente de Larry Trask en su diccionario etimológico de etiquetar la mayoría de las palabras de etimología compleja bajo el rótulo OUO (Of Unknown Origin) ‘de origen desconocido’, es con mucho la posición más razonable a seguir, aunque a algunos les pueda resultar frustrante. La ciencia se basa en pruebas y certezas, no en hipótesis todavía sin probar.


[1] El propio Lakarra se ve obligado a reconocer en una de sus obras que: «Puede suceder, incluso, que haya quien -provisto de una teoría más productiva y explicativa de los datos allegados y de otros- fulmine minuciosamente todo el análisis aquí hilvanado desde la primera a la última línea;» (Lakarra 2008: 330).

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• Ostirala, Urtarrila 18th, 2013

Egunkarian informazio gehiago agertu da dokumentalari buruz: Deia

Partaide asko izango dira baina euskeraren jatorria ikertu dutenen artean,  Joseba Lakarra* eta Joaquin Gorrochateguik* baino ez dute parte hartu. Horrez gain,  beste partaideen artean honakoak ditugu: Mertxe Urteaga* arkeologoa,  Belen Bengoetxea* arkeologoa, Joseba Agirreazkuenaga historialaria, Amaia Aire irakaslea/kulturgilea, Peter Bakker hizkuntzalaria,  Jacques Blot arkeologoa, Antonio Breschi musikaria, Iñaki Camino hizkuntzalaria, W. A. Douglas antropologoa, Miren Egaña hizkuntzalaria, Iratxe Esnaola informatikaria, Diego Garate arkeologoa, J. A. Irigarai kulturgile eta idazlea, Neskuts Izagirre antropologoa, Jurgi Kintana historialaria,  Juan Jose Larrea historialaria, Beñat Oihartzabal hizkuntzalaria, Lourdes Otaegi literatura irakaslea, Jon Sarasua bertsolari eta idazlea eta Elena Torregarai historialaria.

Hauetako lau partaidek jarrera argia hartu dute Iruña-Veleia argitzearen aurka: Lakarra eta Gorrochateguik datazioak eta kata kontrolatuak egitea ukatuz; Belen Bengoetxea Nuñez eta Azkarateren lankidea da eta Lurmenen aurkako txostena idatzi zuenetako bat da; eta Mertxe Urteagak, bere enpresa den Arkeolanen egiten dituzten datazio sistemak ez ditu Arabako Iruñan aplikatu nahi.

Esan genuen moduan, “Ibaizabal Mendebalde Kultur Elkarteak  Euskara Jendea: gure hizkuntzaren historia, gure historiaren hizkuntza dokumental sorta udaberrirako amaituko du, Zenbat Gara kultur elkartearen laguntzarekin. Euskara Jendea egitasmoak Xamarrek 2006an Pamiela etxean argitaratutako izenburu bereko liburua du abiapuntu.”

Ea dokumental honek euskeraren jatorriari buruz ze informazio ematen digun. Alderdi bat ondo landu dutela ematen du, egin dituzten adierazpenak ikusta:

“Se ha investigado -y se investiga- mucho sobre la lengua vasca, pero en opinión del profesor navarro ‘Xamar’, “en Euskal Herria aún perviven mitos obsoletos”, a saber: la creencia de que el euskera ha sobrevivido a lo largo del tiempo porque ha permanecido aislado, o que se trata de una lengua “sin civilizar, pura y original (sin influencias)”, cita. “Todas estas ideas son absolutamente falsas”, asevera. “Si las islas que se encuentran en mitad del Pacífico no han estado aisladas, ¿cómo iba a estarlo este ‘pasaje’ de Europa?”, razona. “También nos dicen a menudo que nos ‘abramos’, ¿cómo, más aún? Históricamente hablando, ¿quién no ha pasado por aquí?”, añade. Por todo ello, ‘Xamar’ cree que el proyecto documental ‘Euskara Jendea’, basado en su libro homónimo y compuesto de seis capítulos, “ayudará a mejorar la percepción que tenemos de nuestro pueblo”.

Bitartean, ondo dago, besteak beste, gure ikerleak gogoratzea, adibidez, Xamarrek egindako “Euskara jendea” liburuan “aitz” erroari buruz esandakoaren egilea gogoratzea:  Joxemiel_Barandiaran.

Dokumentalaren irudi batzuk

Filoblogia: Euskararen eta euskaldunen historia

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Atala: Bideoak  |  Iruzkina gehitu
• Asteartea, Apirila 30th, 2013

Hamabosgarren atalburuan proposamen batzuek euskal kultura, historia eta hizkuntzaren zentzuaren kontra doaz:

15. Algunas propuestas chocan frontalmente con la cultura vasca, la historia y hasta con el genio del idioma

Detengámonos un momento en la etimología de ogi ‘pan’. Según el profesor esta palabra viene de hor ‘perro’ y el sufijo -gi mediante un proceso *hor-gi > *hohgi > *ohgi > ogi (Lakarra 2011: 110). Como apoyo a sus hipótesis cita el refrán de fines del siglo XVI Ogiagaz ura, oragaz eroen elikatura ‘pan y agua, alimento de los locos y el perro’.

El estudioso no parece entender que se trata de una expresión jocosa, en la que en ningún caso se enuncia que el pan a secas sea el alimento por excelencia de los perros, sino por el contrario se enuncia que a los seres trastornados o subordinados por la sociedad se les condena una alimentación deficiente, que no se tienen muchas contemplaciones con ellos. No existe ninguna sociedad donde el pan haya sido considerado alimento por excelencia de los perros, sino que desde siempre se ha tomado como el alimento básico del ser humano.

Es inconcebible que los vascos antiguos definieran al pan como alimento perruno, cuando precisamente existe el dicho popular Ogiaren gastatzea bekatü da (Azkue 1935: 254). Por otra parte, si analizamos en profundidad la etimología de Lakarra a nivel filológico, aún resulta más inaceptable. Según el autor ese -gi procede de un antiguo prefijo gi- que significaba ‘materia, trozo, carne’, que se convirtió en sufijo evolucionando hasta -ki (Lakarra 2011: 77). El caso es que este último cuando se añade a un animal manifiesta un sentido concreto: con eper da lugar a eperki ‘carne de perdiz’, txerriki es ‘carne de cerdo’, oilaki ‘carne de gallina’, y xakurki ‘carne de perro’. Según este modelo, *horgi habría significado para los vascos arcaicos, protovascos o preprotovascos algo así como ‘carne de perro’. A menos que nuestros antepasados adulterasen los panes con restos de animales, ponemos en seria duda que se pudiese inventar semejante expresión para definir al pan.

Hay muchos más aspectos en los que la propuesta se demuestra muy poco creíble. El DGV cita la existencia de citas de (h)or en las que se presenta una -a constitutiva, por lo que parece que la forma primitiva fue (h)ora. Es posible por tanto que la palabra surgiera como deverbativo de oratu ‘morder’[1], como una raíz extraída del verbo, siguiendo un proceso oretu/oratu ‘hacer masa, hacer presa’ (cf. *lohi-tu ‘coger cuerpo’ > lotu ‘atar’, ‘sujetar’, ‘agarrar’) > (g)oratu ‘agarrar’, ‘asir’, ‘morder’ > ora- ‘mordedor’, ‘que muerde’ > (h)ora/(h)or ‘perro’.

Si así fuera, dado que el sufijo -tu, según la opinión más generalizada, procede del supino latino, no podríamos aceptar la existencia de hor(a) para épocas anteriores a la romanización, ni en el preprotoeuskera, el protoeuskera ni aun siquiera en el euskera arcaico. En este sentido ignoramos en qué marco cronológico clasifica Lakarra la formación de *horgi, ya que como de costumbre no indica nada al respecto.

El DGV indica que ogi en los dialectos septentrionales presenta la acepción de ‘trigo’, ‘campo de trigo’. Desde nuestro punto de vista consideramos que habría que investigar primero si no fue éste el significado original de la palabra, ya que la evolución semántica desde ‘trigo’ a ‘pan’ es mucho más razonable que la que se propone desde ‘carne de perro’. El mismo diccionario aporta la palabra ogitza ‘montón de granos de trigo’, según Azkue propia de Baztán y Roncal. En nuestras indagaciones hemos podido encontrar un caserío Ogitza en Elorrio, que existe como poco desde 1515 (Bidart 2006: 95), en el que existía un importante molino. Suponemos que esto sería una prueba contundente de que al principio ogi también significó ‘trigo’ en el extremo occidental, pues el caserío recibiría su nombre de los montones de cereal almacenados para la molienda.

No pretendemos dictar a nadie cuál debe ser la etimología correcta para ogi, ni mucho menos queremos jugar a ser mejores filólogos que los profesores de Gasteiz. Solamente tratamos de resaltar las graves deficiencias de la propuesta de Lakarra (que hace poco caso a infinidad de aspectos cruciales), recordando que existen vías alternativas que merecen ser estudiadas. Si no tomamos en consideración todos los datos que nos pueden ayudar a reconstruir la historia de cada palabra, de nada sirven las buenas intenciones vertidas en la memoria del proyecto Monumenta Linguae Vasconum acerca de la profesionalidad, toma en consideración de todas las variantes dialectales, periodización de la lengua, etc.


[1] Para oratu el profesor vizcaíno propone su derivación desde el castellano coger (Lakarra 2009b: 44), lo cual no pasa de ser otra etimología insólita y poco creíble.

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• Larunbata, Otsaila 22nd, 2014

Bideoa ikusi

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• Larunbata, Abuztua 02nd, 2014

Josu Lavinek Algortan emandako hitzaldi honetan euskera batuari buruz, nafarrerari buruz eta hainbat kontu interesgarri aipatzen du.

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• Astelehena, Azaroa 11th, 2013

Liburua: GASTEIZKO TOPONIMIA IV, Langraiz, Onomasticon Vasconiae 30

Egilea: Elena Martinez de Madina Salazar

Aurkezpena non: Gasteizko Montehermoso Kulturunean (Fray Zacarías Martínez kalea, 2)

Noiz: azaroaren 13an, asteazkenean, eguerdiko 12:00etan

Jakinaraztea: liburuaren aurkezpenera joan nahi duenez, aurretik, adierazi azaroaren 12 baino lehen 945 23 36 48 telefonora deituz edo gasteizordez@euskaltzaindia.net helbidean jakinaraziz.

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• Osteguna, Abendua 06th, 2012

Bideoa ikusteko: EITB Nahieran

Balorazio gehiago: Martin Elexpuru Ostraka Mundua Angulo Oscuro Zuzeu

Iruzkinak gai honi buruz webgune honetan: 7 iruzkin 3 iruzkin

Arabako Iruña Argitzeko Batzordearen balorazioa


1) Sortzetiko hutsunea: Nazioarteko Biltzarreko hizlariei betoa jartzea. Gai hau sakon eta zabal aztertzea zuen helburua Hasier Etxeberriak zuzendutako dokumentala baina, “kasualitatez”, gai honi buruz ponentzia bana idatzi duten eta Gasteizen azaroaren 24an egon ziren hizlariei ez zieten dokumentalean tarte txikiena utzi nahi izan hitz egiteko: Edward Harris, Antonio Rodriguez Colmenero, Joaquim Baxarias, Luis Silgo, Antonio Arnaiz (Ulrika Fritz, Miguel Thomson ere egon ziren eta baita Elexpuru ere, nahiz eta azken honek dokumentalean bai parte hartu zuen parte).

Badakigu denei hitza ematea agian gehiegi zela baina hauetako bi gutxienez eta Biltzar bera ez agertzeak dokumental hau hankamotz utzi du hasieratik. Adibidez Harris agertu nahi ez izatea oso adierazgarria eta dokumentalak izan behar zuen “oreka” deuseztatu du.

Horrez gain, Euskeraren Jatorria eta Arabako Iruña Argitzeko Batzordea dokumentalean zuzenean ez agertzea, nahiz eta guk orain 4 urte gaia argitzearen aldeko mugimendua hasi genuen ez da oso bidezkoa izan: Durangoko Adierazpena, 2 biltzar Langraizen, ondorengo guztietan hitzaldi bana, bisitak, ekintzak, iritzi artikuluak, webgune hau, oraintxe egindako Nazioarteko Biltzarra…

2) Moderatzailearen papera. Hasierrek orain urtebete eskaini zigun “Euskararen jatorria: enigma europar bat” baino hobeto aritu da hemen, orekatuagoa alegia, baina, hala ere, alde batera egin du nabarmen, eta amaieran Elexpururen eta Alberto Barandiaranen liburuei buruz egindako aipamen hain desberdinak horren laburpen argi eta garbia dira.

Harrigarria izan da nola hasieran batez ere narratzaileak faltsutasunaren aldeko argudio pilo bat botatzen zituen bitartean, egiazkotasunaren aldeko argudioak elkarrizketatutako pertsonen ahotik baino ez ziren ateratzen: Koen, Elexpuru, Filloy, Gil edo Frank. Kasu batean oso nabarmen egin da: hasierako dokumentalean Hasierrek Lakarraren argudioak azaldu dituenean izan da eta ez Lakarrak berak, arbela batean idazten eta bera ahotsik gabe ikusten genuen bitartean.

Hasierrek Amelia Baldeonena aipatu du berarekin hitz egin gabe. Ameliak ez zion kasurik egin Gorrochateguiren gutunari, bera indoeuropeoan katedraduna delako eta Henrike Knorr, benetakotasunaren aldekoa, euskaran katedraduna zelako. Bietatik bat aukeratzekotan, argi zegoen, Henrikeri egin behar ziola kasu.

3) Irudien erabilera maltzurra. Zur eta lur geratu gara Alberto Barandiaran elkarrizketatzean, atzeko irudian ikerketa zentro bat -izena eta guzti- etengabe enfokatzen ikusi dugunean. Ezin genuen sinetsi, kazetari bati “ikerle” itxura ematen. Alberto Barandiaranen “Veleia afera” liburua,  gai polemiko bat nola ez den tratatu behar ikusteko eredu ezin hobea da: alderdi bakarrekoak soilik elkarrizketatu, informazioa ezkutatu, balantza alda dezaketen puntuak ezkutatu (datazioak…), etab.

4) Mertxe Urteaga. Gasteizko I. Nazioarteko Biltzarrean egon zen eta, antza, Harrisen ponentzia ondo harrapatu zuen, Kontraprograman erabili zituen argudioak ez zituelako hemen erabili. Kontrakoa: orain dio Eliseo Gilek ondo egin duela indusketa lana, hau da, Harrisek esan zigun gauza bera. Eta dio gero ostrakak manipulatu egin direla, hau da atera eta gero. Pena izan zen Elexpuruk hau ez aprobetxatzea zuku guztia ateratzeko: Urteagaren iritziz indusketaren 1. fasea  ondo egin bada, EHUko arkeologo taldearen txosten arkeologikoak ez du deus balio fase hori kritikatzen duelako bortizki eta beraz, kontraesan handian daude.

5) Joaquin Gorrochategui. Henrike Knorri buruz esandako erdiegia hori, haien alde jarri zela hil baino lehen, gezur handiak baino gezurragoa izan da, Elexpuruk amaieran ederto erantzun dionez. Jakin dezazuen Henrikek grafitoen datak geroagokoak izan zitezkeela esanez (II.-V. mendekoak baino VI.-IX. mendekoak, San Joan komentua hor zegoelako)  Lakarra eta Gorrochateguiri eposta bat bidali zienean hauek erantzun ere ez ziotela egin. Eta gero bere mezua aipatu, eta Henrikerentzat Eliseo Gil faltsutzailea dela pentsatu izan balu aurkeztea ere!

6) Joseba Lakarra. Esan du “zuzena” ez den gauza bat: grafitoek ez dutela eraginik bere teorian, Mitxelenaren teorian baizik, berea ez delako erromatarren garaiko euskerari buruzkoa aurrerakoari buruzko baino.  Hau ez da horrela eta berak ondotxo daki, bere proposamena kontuan hartuta orduan bai ezinezkoak liratekeelako aurkitu dugun euskera topatzea mendu gutxi batzuk geroago.

Bestetik penagarria telebistan erakutsitako jarrera, edukiak modu egoki batez kritikatu beharrean, pertsona deskalifikatzen: “bekaria”… Horrelako jokaerak onartezinak dira eta bere “maila”ren adierazleetako bat dira!

“Grafologiagatik batzuei 30 urteko zigorra jarri dietela” esan zuenak ez du barkamenik. 30 urte pertsona bat hiltzeagatik proba asko egon eta grafologia beste bat izango zen Grapokoentzat baina hemen hori aipatzea! Ez dute proba bakar bat ere ez eta Eliseo kartzelara sartu nahi. Barrura sartzea merezi duena Lakarra bera da, bere teoria zalantzan jarri duena, hau da, Eliseo, kartzelara eraman nahi izateagatik.

7) Julio Nuñez: Lurmenek indusketa lana txarto egin zuela berriro diosku. Eskerrak Edward Harrisi entzuteko aukera izan genuela: “esan beharra dago Iruña-Veleiako arestiko indusketak metodo moderno ortodoxoen barruan egin direla eta horregatik Iruña-Veleiako aurkikuntzen balio estratigrafikoa zalantzaz kanpo dagoela”.

8. Martin Elexpuru eta Pello Eizagirre. Martin eta Pello gauza batzuetan primeran egon ziren baina, gure uste apalean, gaia ez zen eraman behar izan faltsutasunaren aldekoek nahi zuten lekutik: grafitoak ostrakak garbitzean baino ez zirela agertu, RIP, Nefertiti…

Guztiz kontrakoa: datazioak, datazioak eta datazioak. Barkatu, baita katak eta auditoriak ere. Hau da, Italian 60 urte egon ziren eztabaidatzen fibula prenestina egiazkoa zen ala ez. Argudioak bi aldeetan zeuden! Alemanian 13 urte Nebra diskoagatik! Altamiran 18 urte!…

XXI. mendean nola egon gaitezke horrela denbora galtzen munduan arkeometriako punta-puntako 40 laborategi daudenean! Nola da posible Adituen Batzordeak Eliseo Gili datazioak egitea uko izana! Nola da posible kata kontrolatuak egiteari uko izana! Nola da posible auditoria arkeologiko bat egin nahi ez izana!

Gure uste apalean horixe da une honetan eta 4 urte hauetan izandako milaka eztabaiden ondoren, jende guztia aspertu baino lehen, geratzen zaigu bide bakarra: ZIENTZIA. Gainera,  Epailea bide horretatik joatea behin baino gehiagotan aipatu behar izan zen. Zorionez Koenek bai aipatu zuen gaia, baina eztabaidan ere puntu nagusi bihurtu behar izan zen.

9) Ondo egindakoak zoriondu. Azkenik ETB eta Hasier Etxeberriari zorionak eman beharrean gaude lehenengo aldiz gai honi buruzko informazioa eskaini digutelako (lau urte hauetan ETBl egin ez duena) eta nahiz eta modu orekatuago batez eta iritzi gehiagorekin (Harris) eman gabe geratu den.

Datazioak egiten direnean -ondo egiten badira-, ea ETBn hauteskunde garaian politikariekin ikusten ditugun moduko eztabaida orekatu bat ikusten dugun!

Datazioek dute hitza!

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• Osteguna, Apirila 25th, 2013

Zazpigarren atalburuan bere teoria zuritzeko alderaketa tipologikoa gehiegi erabiltzea kritikatu da:

7. Para justificar la teoría se recurre en exceso al comparativismo tipológico

No suele haber trabajo o publicación de Lakarra que se inicie sin una buena dosis de duras críticas al comparativismo, en un tono que a veces roza lo insidioso por las acusaciones de que sus defensores esconden supuestas intenciones ocultas. Se afirma taxativamente que es una metodología ya agotada, incapaz de aportar nada de valor en el conocimiento del euskera primitivo. Según su criterio solamente la reconstrucción interna tiene futuro, ya que no existe lengua en el mundo que tenga parentesco con el euskera.

Entre los argumentos que se ofrecen, se nos dice que el comparativismo cae en deficiencias científicas, al tomar palabras de decenas de lenguas, en las que por una simple cuestión de probabilidades siempre encontraremos algún paralelismo en unas u otras, sobre todo si manejamos las palabras vascas a nuestro antojo. En palabras textuales:

“Lo aquí reproducido puede servir para ilustrar la osadía, el desconocimiento y la intención tramposa y claramente falsificadora de los autores y, en general, de la corriente a la que pertenecen (…) En resumen (cf. Lakarra 1997b y 2003b), nos hallamos frente a préstamos, onomatopeyas, acepciones equivocadas, segmentaciones morfológicas erróneas, formas dialectales o demasiado recientes, análisis sobre inspecciones oculares de poco-más-o-menos o de sonsonete y otras hierbas, pero sin el más mínimo intento de justificar las correspondencias fonéticas o morfológicas de los supuestos cognados. Pese a lo que pueda considerar alguien con vocación de estar à la page, todo esto no supone precisamente un avance en la metodología de la lingüística comparada, ni ayuda a establecer bases más firmes para el estudio de parentescos de la lengua vasca que, no hace falta decirlo, serían tan remotos que difícilmente podrán ser jamás establecidos; nada nos autoriza a creer en espejismos o autosugestionarnos con chapuzas de aficionados como ha mostrado Trask (1997 y trabajos anteriores) en su crítica a la teoría na-dene-vasca, aun mostrándose este autor bastante indulgente –en nuestra opinión– en el estricto campo amerindio (cf. Trask 1996 y Campbell 1997)” (Lakarra 2006: 244, 245).

Podemos convenir con el profesor vizcaíno que la investigación del euskera primitivo se ha visto lastrada por no pocos excesos metodológicos. A primera vista la propuesta de concentrarse en la reconstrucción interna nos parece muy atractiva y científicamente irreprochable, de tal modo que aplaudimos su interés por mejorar el análisis del euskera primitivo. Lo malo es que en cuanto echamos mano a su obra, nos resulta chocante encontrar en ella el recurso constante a otro tipo de comparativismo, esta vez no en forma de comparación de raíces con vistas a defender el parentesco con algún idioma remoto, sino en forma de comparativismo tipológico, con la intención de justificar sus propias ideas.

Es decir, no se admiten comparaciones que prueben parentesco alguno, pero sí se usa y abusa de cualquier comparación de estructuras de composición, raíz o frase de otras lenguas en las que considere que existe un paralelismo que apoya sus postulados.

Como el profesor de Gasteiz se ve obligado a desarrollar un aparato lógico-argumentativo que dé credibilidad a su modelo de reconstrucción del idioma, su práctica habitual consiste en iniciar sus trabajos con largos discursos teóricos, en los cuales repasa volúmenes muy amplios de literatura filológica, por lo general sin relación alguna con la lengua vasca. Allí donde cree encontrar un autor que defiende modelos de reconstrucción de las lenguas de su especialidad según los parámetros de la «forma canónica» de la raíz, no duda en tomarlo como referencia, como si la visión que el especialista correspondiente defiende para idiomas a veces a miles de kilómetros fuera enteramente aplicable a nuestro caso.

A esto suelen seguir los esfuerzos dedicados a la reconstrucción interna del euskera, en los que por lo general suele fundamentarse primero en una interpretación peculiar de las ideas de Mitxelena, para a continuación desplegar sus conocidas etimologías. A fin de reforzar la bondad de sus interpretaciones, no duda en recurrir a la comparación morfológica y semántica con lenguas de todo el planeta. Cualquier comparación con los idiomas más variados parece legítima (y da la sensación de que cuanto más lejos se encuentren mejor), aunque sean sistemas de comunicación situados en coordenadas geográficas, culturales e históricas a años luz del euskera. No deja de resultar paradójico que Lakarra critique tan duramente los intentos de emparentar el euskera con otras lenguas, para acto seguido lanzarse a una comparación masiva de sus estructuras con idiomas con los que no tiene la más mínima relación.

Actuando así creemos que el profesor de la UPV está practicando con entusiasmo la misma metodología arbitraria e interesada que tanto critica en sus rivales comparativistas. Es fácil deducir que si trabajamos con una base de datos de lenguas de todo el planeta siempre encontraremos alguna coincidencia morfológica o semántica debida a la pura casualidad, con lo que tendremos datos para justificar nuestras propuestas, pero que en ningún caso demostrarían nada serio por proceder de un «rastrillado» masivo entre cientos de idiomas sin relación cultural o genética entre sí.

Similarmente, si tomamos toda la gigantesca literatura filológica de las últimas décadas, seleccionando las escuelas que nos parecen más próximas a nuestras ideas y descartando las opuestas, recortamos las palabras de ciertos especialistas insertándolas descontextualizadas como citas autorizadas, y amalgamando todo ello con un tratamiento fonético y etimológico de las palabras vascas en base a reglas ad hoc, creadas por uno mismo y sin antecedentes hasta ahora, se pueden justificar tranquilamente las ideas que se quieran justificar…

Mal que le pese al profesor Lakarra, aunque es cierto que las lenguas tienden a organizarse según esquemas regulares, ninguna de ellas se atiene a un único esquema fonético. Las formas canónicas, raíces y estructuras puras sólo pertenecen al mundo de la especulación entre especialistas, y raro es encontrarlas en lenguas reales, que evolucionan en cambio constante, fragmentadas en dialectos diversificados, y llenas de excepciones, irregularidades, formaciones expresivas, etc.

El modelo de Lakarra para el preprotoeuskera basado en una única estructura de raíz monosílaba CVC (consonante-vocal-consonante), que encima no puede unirse a otras raíces y prefijos más que siguiendo unas normas extremadamente restrictivas, difícilmente pudo existir en la vida real, ni hace tres mil años ni en épocas anteriores. Menos aún cuando lo que nos ofrece es un panorama de raíces excesivamente regulares (sin asomo alguno de las variaciones dialectales que se esperarían para épocas en las que no existían academias), como si, utilizando la jerga al uso, los preprotovascos de hace tres milenios ya hubiesen sometido su preprotolengua a un proceso de «preprotonormalización».

Asimismo su sistema de deducción y extracción de raíces es altamente discutible, y pese a los esfuerzos que dedica para demostrar la fiabilidad de su propuesta, reivindicando supuestos paralelismos en lenguas indoeuropeas, semíticas, chino-tibetanas, amazónicas o de lugares remotos, no se conocen lenguas reales, documentadas en textos, que se ciñan tan restrictivamente a este esquema. Lo habitual es encontrar pluralidad de combinaciones, incluso en lenguas con una base tan regular como las semíticas (que se organizan en raíces trilíteras)[1], por lo que presumiblemente el preprotoeuskera también tendría diversidad de raíces, no un solo tipo, incluso aun en el caso de que dominase un modelo de sílaba CVC por encima de los demás.

Por todo lo dicho, no podemos admitir que el profesor vizcaíno, en base a sus discutibles esquemas, aparte del léxico vasco con tanta ligereza y vehemencia a palabras como negar, erne, orein, itsu, olde, hezur, ahur, oiher, ister, bazter, beldur, belaun, hagin, bider, o bizar, clasificándolas como supuestos préstamos llegados del latín o del castellano, y menos cuando él mismo reconoce que:

“casi todas esas voces tienen una extensión considerable en la geografía e historia de la lengua y pertenecen a campos semánticos como las partes del cuerpo, adjetivos, etc. que no hacen pensar en principio en préstamos; de hecho no parecen haber suscitado sospechas en ese sentido” (Lakarra 2009a: 586).


[1] No pueden ser más expresivas las palabras del gran lingüista Edward Sapir que Lakarra cita en uno de sus últimos trabajos (el resaltado en negrita es nuestro): «En hebreo, lo mismo que en otros idiomas semíticos, la idea verbal en cuanto tal se expresa mediante tres consonantes características (con menor frecuencia dos, o cuatro). Por ejemplo, el grupo sh-m-r expresa la idea de ‘guardar’, el grupo g-n-b la idea de ‘robar’, el grupo n-t-n la idea de ‘dar’. Naturalmente, estas series de consonantes son abstracciones de las formas que se emplean en la realidad» (citado en Lakarra 2011: 13). Con todo el respeto, pensamos que el profesor de Gasteiz debería tomarse más en serio esta última frase, antes de medir la vasquidad de una palabra en base a su restrictivo modelo CVC.

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